
San
Román, Sonería Monumental, es una pequeña empresa
familiar creada en el único objetivo de cuidar, mantener
y restaurar los viejos relojes monumentales llamados también
de torre, crecidos o de grueso volumen. Suplantados en la actualidad
por pequeños programadores de cuarzo, sin duda mucho más
cómodos, baratos y precisos (lo que no deja de ser sino una
simple anécdota propia del progreso), y lo que es más
grave, electrificados con motores de lavadora y otros ingenios igualmente
deleznables, son numerosos los que han desaparecido estos últimos
años por una evidente falta de sensibilidad. Y es que, como
estos relojes están a mitad de camino entre lo que se supone
que es una obra de arte, un bien etnográfico y un producto
artesano, por su propia ambigüedad han quedado muchas veces
relegados a un segundo plano en el estudio, inventario y catalogación
de nuestros bienes culturales. Una verdadera pena.
Así,
del permanente contacto con ese atractivo mundo de máquinas
dotadas de vida propia, ha surgido entre nosotros la necesidad de
restaurarlas utilizando para ello las fórmulas más
respetuosas. Lo que equivale a decir que obviamos, por convicción
propia, cualquier proceso o producto agresivo que pudiera poner
en peligro las superficies de cada uno de sus componentes, por insignificante
que éste sea. Por eso, como piezas museables, consideramos
que, una vez restaurados estos relojes, habría que mantenerlos
en un lugar adecuado y libre de polvo, suciedad o humedades.
En
esos afanes por conocerlos mejor, hemos investigado en los tratados
clásicos e incluso en fuentes documentales manuscritas que
hasta ahora habían permanecido inéditas para intuir
la correspondencia matemática de los engranajes y las oscilaciones
de las péndulas. En este sentido, los estudios llevados a
cabo por don José Antonio de Sorazábal, canónigo
de La Redonda, allá en el último tercio del siglo
XVIII (época de inquietos ilustrados) han sido un auténtico
filón. De ahí que hayamos fabricado y experimentado
diferentes prototipos a la vieja usanza, siguiendo la línea
de los relojes ingleses y franceses. Prototipos que aparte de funcionar
con extrema suavidad, constituyen una prueba irrefutable del talante
de aquellos ingeniosos profesionales que nos precedieron en el tiempo.
Sin
embargo, San Román, Sonería Monumental no se detiene
aquí. Como delegados de la prestigiosa firma Campanas Quintana
en La Rioja, son cuantiosos los trabajos que hemos realizado también
en este campo: instalación de yugos, badajos, campanas personalizadas
de cualquier tamaño, armonización de todos los elementos
que de forma mágica conviven en las torres de nuestras iglesias
(al fin y al cabo atalayas que sirven para identificar con precisión
nuestros pueblos desde la distancia), etc.
Pues
bien, precisamente porque nos hemos dedicado a este oficio de relojeros-campaneros
por vocación, consideramos que las nuevas tecnologías
deben siempre coexistir en amable correspondencia con ese bagaje
transmitido por nuestros antepasados en el que se entremezclan tradiciones
y experiencias. Por eso, cuando instalamos computadores digitales
extremadamente silenciosos y fiables que programan un variado elenco
de toques de campana, nuestra principal premisa es que ni los viejos
relojes mecánicos ni las campanas sufran ninguna reforma
ni quebranto en su fisonomías. Más bien todo lo contrario.
Que recobren su primitiva vitalidad para que puedan mirar con la
altivez que les da la experiencia a esos ingenios modernos que aún
tienen un largo discurrir por delante...
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